Cuadernos de viaje II

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Can death be sleep, when life is but a dream,
And scenes of bliss pass as a phantom by?
The transient pleasures as a vision seem,
And yet we think the greatest pain’s to die.
(John Keats)

Puertollano es un espejo. Paisaje que abate los ojos y de pronto no existe. Chimeneas que obligan a decir lo de dentro y callar el resto.

Quise ser la niebla en torno a tu rostro, arrullo en tránsito. Viajamos, nos deslizamos, nos enredamos el uno en el otro hasta que desaparece la línea del horizonte. Somos ángeles sin reino. El latido es lo que prevalece cuando no hay espacio cuando no hay tiempo cuando la única coordenada es piel a través.

Te amo mientras lees esa novela de un autor mejicano y al punto sonríes.

Canto para mí una nana complaciente. Tus brazos, las ramas. Moldeas mi cara. Arrancas, haces pedazos mi cara. Me transparento y diluyo. Soy blanca y obscena como un lienzo falso.

Escribo un poema que se curva con la línea de tu columna vertebral. Poema que siempre está escribiéndose: tu cuerpo vibrátil jamás permanece inmóvil.

Construimos una ciudad con sol para leer en las plazas a la hora de la siesta. Construimos un amor con azulejos, un amor cocido a fuego en el horno vital.

Un golpeteo. Toda la noche, un golpeteo. El misterio es una madeja y nosotros tiramos del hilo, tiramos. A la mañana, el ovillo es grande y el silencio también.

Los pájaros se reúnen se agolpan se gritan unos a otros a última hora de la tarde en la lengua del Guadalquivir. Yo participo de su estruendo. La vorágine.

Te amé como las palomas buscan refugio bajo los arcos de la mezquita.

Te amé con el color rojo del dolor y de la sangre, con el rojo de la violencia y de la fruta madura. Te amé con el color de la herida para no pensar en la herida.

Hoy la casa está vacía. No entra el rumor ni la luz ni la belleza.

Se ha liberado el trino.

Lumbres VII

Un día sintió alas y se detuvo para escuchar en otra edad.
(Antonio Gamoneda)

 

Este dibujo en los poros

agrietados de la edad

como un himno transparente

 

alguna vez fue cauce para un río

 

alguna vez nombró

y sus ojos fueron blancos

 

el blanco es el color del pensamiento

cuando vuelve sus alas hacia fuera

 

mas solo el cuerpo comprende

 

hay un entendimiento en la caída

que apunta al mismo centro

 

el sollozo es al cabo

torpe símil del todo y de la nada.

Cuadernos de viaje

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A Raúl
A Clarice Lispector

Vuelvo a soñar con esto: vida dentro del agua.

Me dejo fluir escritura abajo como la cascada a la que asistimos entonces, de pronto interrumpida. Deseo sólido, paralizado y remoto. Nos escucho caminar lento, con los pies pesados, la mirada turbia. Hundido todo, quedan en la superficie los rescoldos de fe. Algo, algo extraño: un cuaderno del viaje a la ceguera.

Cómo pude quedarme allí mirando el agua en lugar de saltar dentro, como quien se salva en el último instante. Agua que sana, agua que salva. Orificios de la vida inconsciente. El sueño de nuevo: esto es real es mi pensamiento líquido que ahora fluye, como la dedicatoria en aquel libro, como un mantra, muchas veces: tú estás en estos versos, tú estás en estos, tú estás en… 

Oh acariciar con la lengua del agua lo que queda de ti: estrías sobre la piel.

Y otro recomenzar del mundo desde las ruinas, haciéndose con la paciencia con que se teje un jersey, puntada a puntada, reclamo a reclamo.

 

 

Lumbres VI

 

Me refiero a tocar

una madriguera interior

 

hablo de hundir el pico en la

entraña de la tierra

 

cisne

 

y tu cuello doblado por el hambre.

 

 

***

 

 

Amor zarpa dormida

incuba un hijo de la fiebre

 

 

de labio en labio tu sordo

pasaporte: la ignorancia

 

 

alguien vive en mí

que habita un temblor cíclico

 

 

no el grito:

dejemos restallar

el sable de la voz

contra las piedras.

 

 

***

 

Toda la noche

guardar una albufera

 

llevarla dentro

ausente ya el reflejo de la sangre

 

 

***

 

 

he dispuesto el amor

sobre un lienzo transparente

 

retina emancipada de vivir

 

placer o escarcha

 

***

 

puños tampoco y acicalo mi derrota

con barcos de papel contra el olvido.

 

***

 

De un relato ordenado

en láminas de sol

 

Bailar hasta que el cuerpo

se vuelva comisura

 

Cuerpo abolido

Intacto su vaivén contra la grieta.

 

***

 

Lo que no germina aquí

bajo los órganos

no existe

 

 

El deseo es esta niebla

Las fauces en mi piel

su territorio.

 

***

 

La luz fue mi cordón umbilical

 

Alimento es palabra es alimento

origen y final para este viaje.

 

 

 

 

 

 

Días de cielo

 

Dormir una madeja de lana en el pecho

desanudar el roce de la mano

para decir calor telar prohibido

y sin abrigo está la vida rota

 

los hilos los labios cabos sueltos

-animal extinto en su guarida-

 

no saber coser significa

aferrarse con celo a los bordes

saludar al vacío con los ojos

desde el mismo lugar de la caída

 

vuelven los días de cielo

a la boca del color de la sangre

 

vuelven los dedos trenzados

y en torno a la garganta

hacen cuna

 

vuelves luz inconstante

a rasgar el mundo

sólo para remendarlo luego

 

intemperie es la carne:

basta clavar la aguja una vez más.

 

Cinco lumbres

 

De la angustia haces canción

y la guardas en el pozo de tu mano.

 

***

 

gritas signos que desnacen

 

haces báscula

de la infertilidad

 

equilibras tu ausencia

 

como si todo aquello que permanece escrito

no fuera sino  –páramo

escalera           acordeón

desgaste-.

 

***

 

prosigues con la pesca

al bies de la garganta

 

El poema del fin*

no es un idioma extranjero.

 

***

 

pienso en cada una de las veces

que te oí decir de pie literatura

y ese pacto con la lengua

 

a quemarropa

 

yo te acuno en lo posible

a mi medida

y me esfuerzo por vivir

en el regazo de cuanto amé

y me negó cien veces.

 

***

soy la sed que nos queda

cuando miro hacia delante.

 

 

 

*Uno de los poemas mayores de Marina Tsvietáieva

 

 

 

 

Lumbres IV

 

Hay una luz vencida en cada gesto que no

y el silbido de una hiedra

atravesada

 

Transitamos de un lugar a otro

sin saber qué

 

Luego dilatar la curva

que nos hizo implacables

 

O crecer niño salvaje

adherido a la esfera

de la voz.

 

***

 

Hay una luz vencida

un extraño pasajero en mi garganta

 

Los andenes de la noche

señalan hacia dentro

 

Qué me dueles

 

Este grito de metal

esta culpa

nunca escrita.

 

Inapropiada.

 

Un deslizarse hacia el

centro del barco inundado

de la sangre.

 

El amor es una larva.

 

El amor es lo que crece:

sólo existe en el proceso de crearse.

 

 

Hay una luz vencida en este cuerpo.

 

La ceguera persiste y nos acaba.