Vivir la fiebre

portadatulia

Sobre el poema 37’6 de Tulia Guisado

 Me huyes con los ojos de recién nacido

 Estás volviéndole la espalda a quien te dio la vida

 No todos los cuentos terminan con una enseñanza justa

No todos los cuentos sirven para decir buenas noches

Nadie me había preparado para el dolor sin nombre

ni para el sonido ahogado de la palabra más honda

Te marchas muy lento, con los pies descalzos, tan silencio

Vuelves a mí cuando invento la fiebre

Cuántas veces nos devolverán los hijos cuando ya no podamos abrazarlos.

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Esa otra inocencia


IMG-20150520-WA0003 Fotografía de Isa Gómez Rodríguez 

No, no hablo del hambre sino de otra mordedura íntima.

No, no es este el tartamudeo de la mujer que duerme con un extraño.

No, no pronuncio tus piernas de frágil desmesura.

No, no sé, no concibo que anochezcas tan lento

y sólo muestres el lado izquierdo del rostro.

No. Yo no habito la negación salvo en su forma más breve.

Niego los fantasmas que me abocan al sueño

y tu mensaje inocente en su muda tardanza.

Niego que mi vida sea un corpus de abrazos adonde huir.

Palabras-palmas de la mano*

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A Javier

Otro libro inagotable escribiéndose con las manos manchadas de miedo.

Otros ojos dentro y una culpa

como el diálogo roto de dos que sí saben:

se saben viajeros alucinados / sordos / capricornio / deicidas/

febriles de abandono / tremendos.

Trinchera de mi llanto, no puedo

sino desnudar al cabo mi lenguaje enredadera

inventar el mundo para un hombre que nunca estuvo allí,

y amarlo, sí, amarlo silenciosamente

hasta que la piel se pudra o las velas

pronuncien su último chasquido.

Fósforo de ti no duermas solo en esta vida tan nuestra y tan larga.

Reposa tu cabeza en el lugar que has elegido como tumba,

sueña con tibios animales

rosas temblando en los rincones.

Esto no es un poema para dejarte ir

como quien despide el tren con un pañuelo blanco.

Son mis palmas extendidas, orgullosas,

de que tu huella permanezca entre sus pliegues.

*Marina Tsvietáieva

Hacia el exilio interior

pero la herida no, la herida nos precede,

no inventamos la herida, venimos

a ella y la reconocemos. 

(Chantal Maillard)

Hacia mi propio exilio hacia dentro

donde la no pertenencia

el ser insuficiente

la rabia

yo

no

yo no hablo

yo no aprendo los signos

no pregunto si hay hogar posible

en el camino inverso hacia la paz soñada

Hogares como labios

Munch-Kiss-by-the-window

Beso por la ventana de Edvard Munch

Te distancias del contorno de los mapas

cuando dejas resbalar tu cuerpo sobre el mío.

Bailamos por encima de una laguna verde

y los mosquitos vienen a pellizcarnos los dedos

-pero no nos hacen daño, ningún daño-.

Alguien sonríe desde tus ojos oasis,

y sé que miro una alucinación, un espejismo.

La entrega es ese pacto que jamás firmaremos

porque tú sabes volar y yo comprendo

los motivos que tienes para olvidar la tierra, negra tierra.

Pero deja que siga mirando tu belleza lejana

mientras dure el temblor del abismo que habito.