Un collage de miradas escogidas, “construida ya toda esta intemperie*”

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Nada extraordinario de Juan Bello Sánchez

Todo es extraordinario:

hablo de la noche, del dolor, del frío resumido en las aceras de una ciudad que podría ser Santiago de Compostela, o Buenos Aires, o Madrid. También, por qué no, reconozco el calor que guarda el fondo del mar, -me lo han dicho los dedos al hurgar en un recodo del día, cuando todo se agota y es posible el pasado pero ante todo, es posible la nada-.

Repito: la nada.

Detalles imperecederos quedan grabados en la retina. A fuego vivo, vivísimo. Él camina por el filo de un instante concreto: “y el cielo sigue ocurriendo: a veces / manchas azules, / a veces manchas grises, / a veces manchas doradas”. Pienso fugazmente en la catedral de Rouen y en sus colores que no son tales; Monet allí delante, consagrado a la observancia, puntual y embrutecido por los designios de la luz. Pero no es el pintor quien interpela, quien lastima mis ojos, sino el poeta.

Que las cosas son gráciles y más si tratas de detenerlas. “Las cartas llegan siempre / desde algún punto del pasado, pienso. / Y el pasado es un barco / que no termina nunca de hundirse”. Allí en la mente, donde crecen árboles de los que caen preguntas, y una ventana puede significar todo menos estar a salvo. Un lenguaje superador de los miedos, un pedazo de piel capaz de convertirse en instrumento de percusión.

Rotundidad. Simplicidad.

Destreza.

Entonces alguien habla de sí mismo desde la ausencia. Entonces los pasillos llenos de objetos, la plaza vacía o el transeúnte que ama la lluvia de la que huye, y por esa razón corre más despacio. Más de lo que debería.

Estás solo y adentro una vida se tambalea. Comprendes la belleza de lo monstruoso y, no comprendes, sin embargo, que otros no sepan ver tanto. Sí Mark Strand o Charles Simic. Dos ideas de eternidad, o tres, o un centenar. “Te hablo de un bosque que sólo es útil para un incendio. / Te hablo de un edificio que se desploma / y nadie escucha su canción”.

Saber mirar el mundo es también poder escribirlo. Así lo hace Juan Bello Sánchez.

*Sobre “Nada extraordinario” de Juan Bello Sánchez (Pre-textos 2015, XVI Premio Internacional de Poesía Emilio Prados)

 

De pliegues y nudos

No cuerpos entrelazados, no cuerpos dentro de otros cuerpos.

Un cuerpo, uno sólo, en perpetuo avance hacia otro, también mío.

 Errancia minúscula. Vida en tránsito. Fragmentación.

Hemos vivido lejos de nosotros y navegado en mares tacto niebla.

Dulcísimo sopor.

Huye, huye, traza una línea recta en el lugar que antes ocupó la herida.

Rumor amanecer entre las sábanas. Lo líquido.

Espesura conocida del sexo.

Llama sosegada. Constelación de invierno. Trama.

Dime: aves sin rumbo, tus manos: realidad.

No la adormidera de los astros sino una voz presa en la memoria.

Muchas, muchas voces sostenidas en el centro de un hilo.

Ventanas hacia dentro nada nos pertenece.

Estar a oscuras, reconocer el miedo por su olor.

¿Y la victoria?

La victoria no deja rastro: es un vacío.

Mírame: esto es lo que quería. He venido. Deseo que me veas ser.

He dibujado un jardín de insatisfacciones. Olfatéalo. Lámelo.

Escucho cabizbaja mi silencio.

Acompaño a este infinito que nos calla y sigo avanzando hacia mí misma.