Caritura de un yo: la ceguera

La escritura es el sedimento,

lo que queda cuando ya no queda nada,

-hacerse fuerte en la muralla del decir-.

 

Ingravidez oscura del  latido. Carámbano y cincel.

¿Desgarradura?

desgarradura en la voz, incisivos de lobo,

que no es lobo sino hombre rasurado,

despojado de un hombro en que llorar, de una mano

guía en la batalla de otro vivir sin destruirse.

 

Desdibujado caes, y cae la máscara, y caen los pedazos

de piel y signaturas. Eres un ser

que no encuentra su ser, rostro

tallado en un cristal de prismas infinitos

y dudas infinitas.

 

Y en la mañana futura arrastrarás tu sombra

con el recuerdo aquel de los pronombres

-habitantes sublimes de un estruendo-.

 

Mañana en la batalla deja hueco a la herida:

la palabra amor no es algo que yo pueda escribir.

 

 

 

 

 

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