De cómo destruir palacios sin alzar la voz

Hija,

corta las patatas en cuadraditos pequeños

la cebolla en gajos grandes para el guiso

una pizca de ajo y perejil

las sábanas la lluvia intermitente los últimos años de mi vida

contra la pared contra el relieve trunco de los huesos

y una voz que no es voz que de pronto se extingue

cae    rueda     se rompe    brama

 

Mamá,

no voy a enhebrar el grito a triturar el miedo a torcer

el gesto ante el hambre gris transformado en bestia

no voy a dejar que cierres las cortinas que olvides

cuánta luz hay dentro de los ojos

-nuestros ojos-

azul             azul

azules

 

ahora tu pincel ya no puede fabricar tal palabra

pero habita todavía en la marea calma de tus cuadros

en el silencio inasible de otro cuerpo poema.

 

2 pensamientos en “De cómo destruir palacios sin alzar la voz

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