Boceto de mujer con los ojos entrecerrados

pero para qué escalar el pico filtrar las nubes
cuando la ternura humana no sabe ya calentar mis alegrías
(Tristán Tzara)

 

 

No has asistido a la última función del día.

Lo que queda es precisamente lo que no tenemos

-el brillo entre una estrella y otra     más distante-.

Y qué oscura ráfaga la de los cuerpos marasmo

niños de lamer heridas y sangre no lograda.

Pero algo se mueve en el filo de unos labios:

silueta de almidón vestida de otro tiempo.

Te mira ojos persiana y comprende al fin

que no ha asistido a la última función del día

sino al beso que nunca llegó a producirse.

Luego su sonrisa bajará el tobogán y dirá basta

es suficiente ya es hora de que el pasado

sea un constructo propio una tela para tejer

espacios para envolver rojas tus piernas

con la alegría cóncava con la belleza firme

de cada nuevo adiós de cada despedida.

Y saldrás de ti y dejarás rodar los ojos calle abajo.

Te soñarás cierta -sólo humana-.

Todo cuanto dejaste huir permanece dormido

hasta la próxima muerte.

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Postales de un verano por venir

arqueros ciegos apuntando desde el pasado
***
La distancia entre el ojo y el vacío.

 

(Pilar Fraile Amador)

 

Sólo el clamor: roce de agua que al filo de la noche emprende un cauce nuevo.

Ser no consciente.

Hola cuerpo cariz triste envergadura de los hombres que no dan el paso y casi aman.

Oficio de ladrones.       Ronquido  temblor  ave  rasgueo.

Pero la guitarra es mujer y no teme a la oscuridad.

Nosotros y la arena de nosotros.      Su simiente.

Cantamos animales de interior.

Ella volverá del viaje y dormirá en una cama no escogida.

Entonces será el taladro y dirá cuerpos  pronunciará paisajes

y no habrá dónde volver sin pertenencias.

Intuyo el relieve de los días antes de habitar el deseo.

Alguien dibuja en mi rostro un rostro imaginado.

El verano cruje en la última línea de una postal por venir.

Retrato de un chico que toca la guitarra y mira el mar

Quizá la sirena de un barco

o el destello febril de quien atraca en el puerto

con las luces todavía apagadas.

 

Porque conozco el miedo pero no lo había paladeado

lentamente,

ardor vuelve en la noche ardor, sueña un hombre:

sus ojos se abren para contener su derrota

-mi derrota-.

 

Camino esta playa que es mi propio cuerpo

y extiendo el dolor, tiro de la punta de mi lengua

para enhebrar un paisaje nuestro, solamente humano.

 

Deja que te cuente una historia inaudita:

a lo lejos un barco ha encendido sus luces.

Y no existe tal puerto,

no hay posible sirena.

 

Estoy preparado para hacer este viaje

ahora que ya no creía posible un ahora.