Retrato de un chico que toca la guitarra y mira el mar

Quizá la sirena de un barco

o el destello febril de quien atraca en el puerto

con las luces todavía apagadas.

 

Porque conozco el miedo pero no lo había paladeado

lentamente,

ardor vuelve en la noche ardor, sueña un hombre:

sus ojos se abren para contener su derrota

-mi derrota-.

 

Camino esta playa que es mi propio cuerpo

y extiendo el dolor, tiro de la punta de mi lengua

para enhebrar un paisaje nuestro, solamente humano.

 

Deja que te cuente una historia inaudita:

a lo lejos un barco ha encendido sus luces.

Y no existe tal puerto,

no hay posible sirena.

 

Estoy preparado para hacer este viaje

ahora que ya no creía posible un ahora.

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