Boceto de mujer con los ojos entrecerrados

pero para qué escalar el pico filtrar las nubes
cuando la ternura humana no sabe ya calentar mis alegrías
(Tristán Tzara)

 

 

No has asistido a la última función del día.

Lo que queda es precisamente lo que no tenemos

-el brillo entre una estrella y otra     más distante-.

Y qué oscura ráfaga la de los cuerpos marasmo

niños de lamer heridas y sangre no lograda.

Pero algo se mueve en el filo de unos labios:

silueta de almidón vestida de otro tiempo.

Te mira ojos persiana y comprende al fin

que no ha asistido a la última función del día

sino al beso que nunca llegó a producirse.

Luego su sonrisa bajará el tobogán y dirá basta

es suficiente ya es hora de que el pasado

sea un constructo propio una tela para tejer

espacios para envolver rojas tus piernas

con la alegría cóncava con la belleza firme

de cada nuevo adiós de cada despedida.

Y saldrás de ti y dejarás rodar los ojos calle abajo.

Te soñarás cierta -sólo humana-.

Todo cuanto dejaste huir permanece dormido

hasta la próxima muerte.

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