A las que duermen

 

porque un milímetro de vida
basta
para saber
que un milímetro de vida basta
para que continúe la vida
A ti no vino a anunciarte
ningún ángel de pan de oro.

 

(Olga Novo)

 

Es cierto:

a vosotras no vino a anunciaros nadie.

Yo llevaba mucho tiempo

detrás de una cortina

esperando.

 

Ahora que por fin habéis venido

permanezco aquí, tras la misma cortina,

en la misma posición,

esperando.

 

Soy la que os mira dormir,

la que custodia los latidos

que quedan para despertaros.

 

Soy esa voz que añorasteis

en un rincón remoto de la infancia,

la que os habló del lujo de crecer

y la herida infinita de la pérdida.

 

Soy la donante de sangre

la madre amante

la hermana insomne.

 

Y es en vuestros labios, en vuestras

bocas entreabiertas, derretidas

de amor de sábana y de sueño

donde cobra sentido este tiempo de escucha

este miedo salvaje a volverme silencio:

 

un vivir para siempre con los ojos cerrados.

 

 

 

Lumbres III

Espejo de la voz rompiéndose
cántaro de tu forma lleno
y en las pestañas sal y en los ojos
el hueso
la espera
la aceituna

 

quién soy quién
eres un murmullo late
sobre nosotros
los árboles dilatan nos dilatan
permanecen las raíces los cuerpos
anclados a la tierra oxidados de su olor

 

cavamos lejos para no escuchar
el ruido
el tiempo
el desgaste
lo superfluo
las palabras

 

no deseo la escritura ahora
la dejo fluir
como quien planta un fruto
y lo observa crecer: en silencio

 
avanzo lento muy lento
no tengo prisa por llegar a la otra orilla
despacio con la fe del caracol
que vive y es casa de sí mismo

 

escucho de tus labios
la blanda arquitectura la costra
que se cierra el mapa lo anhelado

 

dibuja en este hueco
la balsa ancla para el aire
un barco que no se hunda
por su propio peso

 

sé tú ese cuerpo paciente
pasaporte y promesa
lumbre
-no digo luz digo lumbre-

brillo constante
tentativa de hogar.