Días de cielo

 

Dormir una madeja de lana en el pecho

desanudar el roce de la mano

para decir calor telar prohibido

y sin abrigo está la vida rota

 

los hilos los labios cabos sueltos

-animal extinto en su guarida-

 

no saber coser significa

aferrarse con celo a los bordes

saludar al vacío con los ojos

desde el mismo lugar de la caída

 

vuelven los días de cielo

a la boca del color de la sangre

 

vuelven los dedos trenzados

y en torno a la garganta

hacen cuna

 

vuelves luz inconstante

a rasgar el mundo

sólo para remendarlo luego

 

intemperie es la carne:

basta clavar la aguja una vez más.