Simone

 

Enigma lento de decir

en este sitio no

cabe huella viva

sino el cuerpo que se escribe agotán-

do-se ho-ra tras ho-ra

escudamos este niño de sordina

disimulo sonriente

la ternura a punto de boca

de nacer.

 

*****

 

Vuelve anochecida

Desde abajo no pareces casi tú

los párpados tan suave-

mente lejos en la mano para a-

mar contacto de otro reino

si letargo roza dedos

desasir piedra en el pecho

en círculo en círculos con-

céntricos hasta

hundirse hasta

sernos.

 

******

 

Cómo

su llanto occipital

de huesos hacia dentro

dibuja

una costra

fiel

tan fiel

como el silencio.

 

******

 

Mientras arcos se dibujan en lo alto

eres cueva de ti misma

entre los hombres eres

cántaro

Simone.

 

 

 

 

Ad-herencias

 

Grabar el sonido que viene de dentro
de mí que crea la idea de otra persona
(Ana Mendieta)

 

Ad-herencia de tu cuerpo a la

idea que tengo de mi cuerpo

 

retenernos para avanzar en suave

onda y molde de este barco

y su silencio

 

adentro no el sonido sí

la música los párpados

su sombra de ceniza

 

y su aleteo

 

grabo en mi cuerpo la idea

que tengo de otro cuerpo

 

eres tú

 

así

nos miro

y grabo

y creo.

Decir ave dentro

20170428_193132

Escrito a las orillas del lago de Hyde Park (Londres, abril de 2017)

 

Me resguardo y desprendo

de las plumas que sobran

 

Deslizarse como síntoma o presagio

de la vida y lo que la propia vida no

 

Grazno como graznan los cisnes

al rozarse y los patos si se tuercen

con abismo hacia lo hondo

 

No encontrarán si es que buscan

Tendrán que dejarse ir

volar al raso de las aguas del lago

 

Cuerpos que no terminan de nacer todavía.

Lumbres VI

 

Me refiero a tocar

una madriguera interior

 

hablo de hundir el pico en la

entraña de la tierra

 

cisne

 

y tu cuello doblado por el hambre.

 

 

***

 

 

Amor zarpa dormida

incuba un hijo de la fiebre

 

 

de labio en labio tu sordo

pasaporte: la ignorancia

 

 

alguien vive en mí

que habita un temblor cíclico

 

 

no el grito:

dejemos restallar

el sable de la voz

contra las piedras.

 

 

***

 

Toda la noche

guardar una albufera

 

llevarla dentro

ausente ya el reflejo de la sangre

 

 

***

 

 

he dispuesto el amor

sobre un lienzo transparente

 

retina emancipada de vivir

 

placer o escarcha

 

***

 

puños tampoco y acicalo mi derrota

con barcos de papel contra el olvido.

 

***

 

De un relato ordenado

en láminas de sol

 

Bailar hasta que el cuerpo

se vuelva comisura

 

Cuerpo abolido

Intacto su vaivén contra la grieta.

 

***

 

Lo que no germina aquí

bajo los órganos

no existe

 

 

El deseo es esta niebla

Las fauces en mi piel

su territorio.

 

***

 

La luz fue mi cordón umbilical

 

Alimento es palabra es alimento

origen y final para este viaje.

 

 

 

 

 

 

Días de cielo

 

Dormir una madeja de lana en el pecho

desanudar el roce de la mano

para decir calor telar prohibido

y sin abrigo está la vida rota

 

los hilos los labios cabos sueltos

-animal extinto en su guarida-

 

no saber coser significa

aferrarse con celo a los bordes

saludar al vacío con los ojos

desde el mismo lugar de la caída

 

vuelven los días de cielo

a la boca del color de la sangre

 

vuelven los dedos trenzados

y en torno a la garganta

hacen cuna

 

vuelves luz inconstante

a rasgar el mundo

sólo para remendarlo luego

 

intemperie es la carne:

basta clavar la aguja una vez más.

 

A las que duermen

 

porque un milímetro de vida
basta
para saber
que un milímetro de vida basta
para que continúe la vida
A ti no vino a anunciarte
ningún ángel de pan de oro.

 

(Olga Novo)

 

Es cierto:

a vosotras no vino a anunciaros nadie.

Yo llevaba mucho tiempo

detrás de una cortina

esperando.

 

Ahora que por fin habéis venido

permanezco aquí, tras la misma cortina,

en la misma posición,

esperando.

 

Soy la que os mira dormir,

la que custodia los latidos

que quedan para despertaros.

 

Soy esa voz que añorasteis

en un rincón remoto de la infancia,

la que os habló del lujo de crecer

y la herida infinita de la pérdida.

 

Soy la donante de sangre

la madre amante

la hermana insomne.

 

Y es en vuestros labios, en vuestras

bocas entreabiertas, derretidas

de amor de sábana y de sueño

donde cobra sentido este tiempo de escucha

este miedo salvaje a volverme silencio:

 

un vivir para siempre con los ojos cerrados.

 

 

 

Lumbres III

Espejo de la voz rompiéndose
cántaro de tu forma lleno
y en las pestañas sal y en los ojos
el hueso
la espera
la aceituna

 

quién soy quién
eres un murmullo late
sobre nosotros
los árboles dilatan nos dilatan
permanecen las raíces los cuerpos
anclados a la tierra oxidados de su olor

 

cavamos lejos para no escuchar
el ruido
el tiempo
el desgaste
lo superfluo
las palabras

 

no deseo la escritura ahora
la dejo fluir
como quien planta un fruto
y lo observa crecer: en silencio

 
avanzo lento muy lento
no tengo prisa por llegar a la otra orilla
despacio con la fe del caracol
que vive y es casa de sí mismo

 

escucho de tus labios
la blanda arquitectura la costra
que se cierra el mapa lo anhelado

 

dibuja en este hueco
la balsa ancla para el aire
un barco que no se hunda
por su propio peso

 

sé tú ese cuerpo paciente
pasaporte y promesa
lumbre
-no digo luz digo lumbre-

brillo constante
tentativa de hogar.