Raíces

 

Con una venda en los ojos

nos alumbran nuestras madres

 

Ciegos son nuestros primeros pasos

las palabras primeras

En ellas hay un surco verdadero:

intuición de quien navega el mundo

sin haberlo recorrido dos veces

 

Una palabra pestañeo

o gruñido o bostezo de sol

 

La palabra el deseado visitante

 

Un lenguaje antes

del conocimiento antes

del hallazgo de la ignorancia

 

Con una venda en los ojos

vamos mudando de pieles

 

El tiempo abre las grietas

Dibuja estos jardines, descubre

algunos nombres escogidos

 

Cuando el amor venga

nos cubrirá los ojos con sus manos,

desatará la venda, el nudo de la frente:

 

aprenderemos la luz

fatigaremos la luz

hasta extinguir la niebla.

 

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Semillas

 

 

El primer sonido es vegetal:

crujen como las semillas

dentro del vientre     frágil       de sus vainas.

 

A mediodía bailan:

sus zapatos de cordones  invaden

ese espacio pequeño    tibio

donde el filamento se vuelve caricia.

 

Con la tarde se espigan hacia el cielo:

recuerdan a ciertas esculturas de Bourgeois

su cuerpo es un abrazo suspendido

refugio táctil que no alcanza.

 

En la noche se besan solamente

si el aire mece la curva de sus ramas

ahoga sus gemidos animales.

 

Cuando dos mujeres caminan juntas

tienen que inventar el lenguaje desde el principio.

 

Palimpsesto

A partir de la obra ‘Palimpsesto’ de Doris Salcedo

 

 

Despertenencia

 

paisaje hacia la noche

que al punto retrocede

 

continuidad de los bailes

 

Hemos venido a camuflar las manos

a cubrir las teselas rotas

y así lentamente

con el dolor de nacer

emergen las gotas de los nombres

 

Podríamos llamar silencio al tiempo

que pasa entre que un labio

acomete a otro labio:

desprendimiento y caída

en las hojas del roble

 

Limbos a modo de cabellos

crines de pincel que acaso

masticaran el aire

embadurnasen de perfume

el solo aire

 

Bajo la bóveda bajo la herida del cielo

el hallazgo de los ojos aniquila

el miedo que asola nuestra especie

 

Pisamos una tierra fronteriza

y nos despertenecemos por dentro

en el lenguaje

tráquea abierta

 

un simple gesto será la moneda

que cambiaremos

por hallar refugio en unos brazos

 

Estos brazos como tierra que arar.

 

 

 

Caligrafía del temblor

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Fotografía analógica. Parque de El Retiro, octubre de 2017.

 

Nubes amontonadas sobre el cielo, como grano.

Veloces se destruyen, solo para volver a construirse.

Diluyo los ojos allí, donde la forma es apenas roce,

canto rodado, en la orilla más alta del deseo.

 

Ahora suaves, las manos avanzan;

despacio, nos crean semejantes.

Tizne que segrega el tacto,  dobla el aire.

Inaugura el acto último antes del dolor,

antes del mar.

 

Todo lo que aprendiste sobre el tiempo

hoy serena tus ojos. Fulgor de la materia.

Comprendo su voto de renuncia,

su amor tan frágil: remiendos de nubes.

 

Este invierno las rosas sobreviven.

 

Este invierno es cauce, abre un camino

de asombro sobre el cuerpo: temblor,

promesa de más vida.

 

Este invierno, bajo el ala del arte,

crece el árbol que guarda tu nombre.

Cuaderno de viaje IV

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El Barco de Ávila, diciembre de 2017.

 

A Inés, Clara y Gema H.

 

Lo que no se ve: aquello que se queda suspendido sobre el campo como niebla.

Voces torpe trenza de humo. Por entre los cabellos el silbido de un panal de abejas.

No volverás a verme con las gafas de haber leído mucho,

-y el frío de la casa nos envuelve-.

¿Adónde iréis ahora? ¿Qué ruta tomaremos

una vez haya caído la manta que cubría los temblores?

Dicen que en este pueblo una mujer alimentaba a los animales con la boca.

Somos aprendices y ensayamos hasta el sueño.

Ella nunca quiso parecer una estatua y amoldaba los ojos al crujir de los bosques.

Reía.

Dulce fuente de estaño: amor con cada golpe en la lengua.

 

Acuarela de la voz

 

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Fotografía analógica. Parque de El Retiro, septiembre de 2017.

 

 

Noche abierta     lejana expedición al Tíbet

 

Tambores  transparencia

los ojos reconcilian y se envuelven

 

Azadas para escarbar la tierra

Lento aprendizaje mineral

 

Yacimiento de cianita

es este credo

 

Una madre hace silencio en la cocina

Si existo es por el sino del durmiente

Paleta de color en estos libros

 

Hubo aquí un animal y fue tibio

acariciar su nuca

colocar sobre el labio los pinceles

bruñir una acuarela de la voz

 

Noche abierta  lejana expedición hacia dentro.

 

 

 

 

Adherencias II

 

Torno vivo de ti

amasando mezclando

el pecho como única herramienta

 

volver los materiales dóciles

a empellones fingir que no es

cuerpo sino casa

 

cerviz lenta

orden lento

 

-esta infinitud extraña-

 

enmudecida tú

hembra sin dientes

me abres a la boca en el espacio

y todo hueco es balsa

 

en este mar fiel

de la carencia

 

en ti paso la noche

ahora que vivo sola y sola

pienso

qué nos pertenecerá entonces

a nosotros

seres de tallo roto

amantes sin remedio de la falta.