Las pescadoras de Mallo

 

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Maruja Mallo, “Mensaje del mar”

 

A Laura Theurer

 

Las redes el cabello de dos niñas pescadoras

que jamás vieron el mar: sólo

aquel dibujo de una isla en la retina.

 

Mientras tejen mientras sus manos

emprenden una vida no escogida,

saben que sus yemas son escamas

y muerden con temblor el mismo anzuelo.

 

Dejarán sus nombres enredados

como peces sin reino y cada noche

pondrá un beso de coral sobre las bocas.

 

En las playas de Chile las mujeres

se desnudan antes de arrojarse al mar.

 

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Duelo

 

Inspirado en ‘Seven in bed’ de Louise Bourgeois

 

 

 

Bramo cuerpos uno a ras de otro y no

me pertenece su rastro de ceniza.

 

Rezo -soy el fervor de la madre-

alimento con la leche que no tengo

y hunde tú la frente en mis costuras.

 

Estos niños tienen sed y me succionan

Yo me encojo si me excavan con deseo

sus ojos son de puzle o son de vida.

 

La sed como un óbolo creciente

hace ramas hace brazos de caníbal

 

Y en el último jadeo de mi sueño

me acordono en una manta de metales

 

De tus restos haré ovillo en el armario

mientras gimo si ocelote de la espera.

 

Cuaderno de viaje III

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Fotografía analógica del Parlamento de Budapest, julio de 2017

 

Lento como una cúpula en los ojos al envejecer el día. Llanto que cruje con las vías, con la fe disimulada de las naves. Ah, la sed de un imperio en la exhibición de sus más tiernos desconchones. Este cielo del color de la cáscara recupera la tibieza del cuerpo y la vuelca hacia afuera. Sólo somos lo que queda al cabo: cenizas.

Has recorrido esta ciudad como si estuvieras buscando sus llaves sin misterio.

Danubio que en las manos ladras.

Eres un cuerpo que duda de sus comensales, la piel puesta a tender bajo los puentes como una bandera invertida.

Diatriba entre significado y significante. Emborronas cuadernos con palabras que entiendes por su construcción primitiva. La belleza del fonema, la belleza de lo representado en la mente. Aquí, la palabra extranjero no parece extranjera.

Te preguntas incesantemente: te respondes pájaros, aves discontinuas.

Has subido hasta lo más alto de Óbuda para mirar desde ahí a tu yo abandonado. Una vez allí, decides no ver; sigues adelante con un dolor nuevo, que adopta hermosas posturas, voluptuosos relieves.

La escritura es un viaje muy lento que sólo a veces coincide con el tiempo del mundo.

Como si este último fuese -acaso- real.

 

 

 

 

 

 

 

 

Simone

 

Enigma lento de decir

en este sitio no

cabe huella viva

sino el cuerpo que se escribe agotán-

do-se ho-ra tras ho-ra

escudamos este niño de sordina

disimulo sonriente

la ternura a punto de boca

de nacer.

 

*****

 

Vuelve anochecida

Desde abajo no pareces casi tú

los párpados tan suave-

mente lejos en la mano para a-

mar contacto de otro reino

si letargo roza dedos

desasir piedra en el pecho

en círculo en círculos con-

céntricos hasta

hundirse hasta

sernos.

 

******

 

Cómo

su llanto occipital

de huesos hacia dentro

dibuja

una costra

fiel

tan fiel

como el silencio.

 

******

 

Mientras arcos se dibujan en lo alto

eres cueva de ti misma

entre los hombres eres

cántaro

Simone.

 

 

 

 

Ad-herencias

 

Grabar el sonido que viene de dentro
de mí que crea la idea de otra persona
(Ana Mendieta)

 

Ad-herencia de tu cuerpo a la

idea que tengo de mi cuerpo

 

retenernos para avanzar en suave

onda y molde de este barco

y su silencio

 

adentro no el sonido sí

la música los párpados

su sombra de ceniza

 

y su aleteo

 

grabo en mi cuerpo la idea

que tengo de otro cuerpo

 

eres tú

 

así

nos miro

y grabo

y creo.

Decir ave dentro

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Escrito a las orillas del lago de Hyde Park (Londres, abril de 2017)

 

Me resguardo y desprendo

de las plumas que sobran

 

Deslizarse como síntoma o presagio

de la vida y lo que la propia vida no

 

Grazno como graznan los cisnes

al rozarse y los patos si se tuercen

con abismo hacia lo hondo

 

No encontrarán si es que buscan

Tendrán que dejarse ir

volar al raso de las aguas del lago

 

Cuerpos que no terminan de nacer todavía.

Cuadernos de viaje II

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Can death be sleep, when life is but a dream,
And scenes of bliss pass as a phantom by?
The transient pleasures as a vision seem,
And yet we think the greatest pain’s to die.
(John Keats)

Puertollano es un espejo. Paisaje que abate los ojos y de pronto no existe. Chimeneas que obligan a decir lo de dentro y callar el resto.

Quise ser la niebla en torno a tu rostro, arrullo en tránsito. Viajamos, nos deslizamos, nos enredamos el uno en el otro hasta que desaparece la línea del horizonte. Somos ángeles sin reino. El latido es lo que prevalece cuando no hay espacio cuando no hay tiempo cuando la única coordenada es piel a través.

Te amo mientras lees esa novela de un autor mejicano y al punto sonríes.

Canto para mí una nana complaciente. Tus brazos, las ramas. Moldeas mi cara. Arrancas, haces pedazos mi cara. Me transparento y diluyo. Soy blanca y obscena como un lienzo falso.

Escribo un poema que se curva con la línea de tu columna vertebral. Poema que siempre está escribiéndose: tu cuerpo vibrátil jamás permanece inmóvil.

Construimos una ciudad con sol para leer en las plazas a la hora de la siesta. Construimos un amor con azulejos, un amor cocido a fuego en el horno vital.

Un golpeteo. Toda la noche, un golpeteo. El misterio es una madeja y nosotros tiramos del hilo, tiramos. A la mañana, el ovillo es grande y el silencio también.

Los pájaros se reúnen se agolpan se gritan unos a otros a última hora de la tarde en la lengua del Guadalquivir. Yo participo de su estruendo. La vorágine.

Te amé como las palomas buscan refugio bajo los arcos de la mezquita.

Te amé con el color rojo del dolor y de la sangre, con el rojo de la violencia y de la fruta madura. Te amé con el color de la herida para no pensar en la herida.

Hoy la casa está vacía. No entra el rumor ni la luz ni la belleza.

Se ha liberado el trino.