Transverso y piramidal

Que el amor restituya al gallo del sol nuevo

su cresta arrebatada y su pico voraz.

Y que la sangre busque surcos donde tumbarse:

hito, lucha en sazón, germen de canto.

(Maria Mercè Marçal)

Y que la sangre restalle contra el acantilado de los huesos

mientras alguien que duerme sobre un edredón de asfalto

se amasa los dientes  rebusca en los cubos de blandura

el último pero no por ello menos remediable germen:

amor   amor     cresta de gallo amor    vulva y canto

sazonada bestia con que rompo los límites          sexo y vid

                                        moldura

                              y

                                           hueco

                                sólo el espacio

Amor que ha roto sus falanges al mirar de frente nuestros labios.

De cómo destruir palacios sin alzar la voz

Hija,

corta las patatas en cuadraditos pequeños

la cebolla en gajos grandes para el guiso

una pizca de ajo y perejil

las sábanas la lluvia intermitente los últimos años de mi vida

contra la pared contra el relieve trunco de los huesos

y una voz que no es voz que de pronto se extingue

cae    rueda     se rompe    brama

 

Mamá,

no voy a enhebrar el grito a triturar el miedo a torcer

el gesto ante el hambre gris transformado en bestia

no voy a dejar que cierres las cortinas que olvides

cuánta luz hay dentro de los ojos

-nuestros ojos-

azul             azul

azules

 

ahora tu pincel ya no puede fabricar tal palabra

pero habita todavía en la marea calma de tus cuadros

en el silencio inasible de otro cuerpo poema.

 

El viaje más largo

Un hombre desciende la colina en el borde de un paraguas

Deseo que haya luz suficiente para intuir el humo de otro idioma

Pero es blanco el perfume del niño que amé

Retengo la primera gota en la punta de la lengua como una forma de decirme adiós

Todos los árboles esperan un roce de pájaro una caricia oxidada

Todas las cruces serán verdes y nos dolerán en los ojos cuando ignoremos a quién llevamos dentro

Y no es el tiempo que pasa, somos nosotros quienes vamos haciéndonos niebla

Eras el sueño hecho cuerpo en el quicio de una puerta oyéndome llorar

El amor no nos escoge con el dedo índice, sino con todos y cada uno de los dedos

Me senté a mirar por la ventana cómo avanzaba hacía mí el viaje más largo

He jugado y he vivido: tumor de la inmovilidad.

Paisaje desfigurado

Fumas desnudo instalado en el vértigo de un vivir desquiciante.

No, no fumas; otro es el rostro y otros los ojos del fumador medianoche.

De nuevo la historia de los sexos como animales de mandíbula contrita.

Tu palabra como un constructo de algo más grande, más verde, más puro.

La sintaxis de tus manos – comederos para aves migratorias,

y adentro el aullido de mil naves de locos para urdir esta espera.

 * * * *

Pero nada de lo que haya escrito es posible:

yo digo la verdad de otra puerta cerrada como una niña temblando.

Ciudad-estanque, mujer escindida

A Elisabet  

Sendero de tu letra rasgando una brizna de tiempo

Mujer tú que hablas con ojos estanque y vives

en la ciudad de uñas redondas mordidas,

te entregas en pedazos y yo uno esos pedazos con los dedos.

* * * *

Hay flores secas que se adhieren a mis palmas y te encuentro

sentada a la orilla de tu ser insuficiente

No vuelvas la vista atrás cuando escribas tu verde silencio

Deja que regrese el tacto a mis noches rugido

Mira hasta dónde alcanza la línea que desune el cielo y el mar.