Lumbres

Mojarse de los cuerpos

reverberando

Aquietarse por desconocimiento

Sufrir de no sufrir y en la

grieta sacar pecho cabeza hombros

Balbucir ausencias

en un lugar callado invocar

manos abiertas

Todo comienzo es diurno

labio escozor cuerpos amoratados

****

Me nombra así

perfume de lo roto

y avanzo

siempre avanzo

hasta desposeerme hasta

desdibujarme

****

Cavar hondo

donde el lenguaje se hace silbido

vuelo de pájaros ventana

para sentarse a observar

cuerpos mojados

ahora precipitándose

****

Escribir un poema

siempre estar escribiendo un poema

dentro del poema

hasta que este desaparezca

y no exista nada

salvo este obsesivo huirse

hacia los otros

****

Escribir un poema

como si fuera posible

avanzar a oscuras.

 

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Boceto de mujer con los ojos entrecerrados

pero para qué escalar el pico filtrar las nubes
cuando la ternura humana no sabe ya calentar mis alegrías
(Tristán Tzara)

 

 

No has asistido a la última función del día.

Lo que queda es precisamente lo que no tenemos

-el brillo entre una estrella y otra     más distante-.

Y qué oscura ráfaga la de los cuerpos marasmo

niños de lamer heridas y sangre no lograda.

Pero algo se mueve en el filo de unos labios:

silueta de almidón vestida de otro tiempo.

Te mira ojos persiana y comprende al fin

que no ha asistido a la última función del día

sino al beso que nunca llegó a producirse.

Luego su sonrisa bajará el tobogán y dirá basta

es suficiente ya es hora de que el pasado

sea un constructo propio una tela para tejer

espacios para envolver rojas tus piernas

con la alegría cóncava con la belleza firme

de cada nuevo adiós de cada despedida.

Y saldrás de ti y dejarás rodar los ojos calle abajo.

Te soñarás cierta -sólo humana-.

Todo cuanto dejaste huir permanece dormido

hasta la próxima muerte.

Lo que hay después del frío

El dolor no tiene un patrón: es mi cuerpo.

La mujer de la voz delgada repite, me repite: no sobredimensiones el dolor; la mujer de ojos animales masculla: no te hagas una piedra, no dejes que avance el hielo.

Ahora mi pecho como un baúl de mariposas muertas. Ahora el silencio deseado pero nunca del todo comprendido. Ahora la desintegración, lo roto, el fragmento.

Los ojos del otro lado del espejo son los ojos de la no-posesión, del invierno latente.

Ojos del color de la muerte de color blanco.

Y mientras tanto sentir vacío el hueco de la cama donde nadie ha dormido. Saber torpe una presencia sobre el vello en la nuca. Añorar vida en la brecha insoportable del sexo.

Una mujer con las manos escarcha me ha tendido su mano tras mirarme por dentro.

La niebla es densa. La carne, opaca.

Yo sólo quiero estar viva, recuperar el habla, volver a amar.