Morfología del tacto

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Dedos como si sobre el tronco de un árbol

En círculos casi ramas

levemente     agujereando

 

Cuerpo cábala corteza signo de la edad

Trueno  hace lo suave

 

Del idioma táctil filigrana

Quién con las mejillas sobre el mundo

Un olor a piano antiguo y en el centro

excavados en madera

la curva precisa de los nombres.

 

Mujer o árbol

Insisten las pupilas del invierno

 

Si eligiera una palabra para llamarte

sería    alethéia.

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Raíces

 

Con una venda en los ojos

nos alumbran nuestras madres

 

Ciegos son nuestros primeros pasos

las palabras primeras

En ellas hay un surco verdadero:

intuición de quien navega el mundo

sin haberlo recorrido dos veces

 

Una palabra pestañeo

o gruñido o bostezo de sol

 

La palabra el deseado visitante

 

Un lenguaje antes

del conocimiento antes

del hallazgo de la ignorancia

 

Con una venda en los ojos

vamos mudando de pieles

 

El tiempo abre las grietas

Dibuja estos jardines, descubre

algunos nombres escogidos

 

Cuando el amor venga

nos cubrirá los ojos con sus manos,

desatará la venda, el nudo de la frente:

 

aprenderemos la luz

fatigaremos la luz

hasta extinguir la niebla.

 

Semillas

 

 

El primer sonido es vegetal:

crujen como las semillas

dentro del vientre     frágil       de sus vainas.

 

A mediodía bailan:

sus zapatos de cordones  invaden

ese espacio pequeño    tibio

donde el filamento se vuelve caricia.

 

Con la tarde se espigan hacia el cielo:

recuerdan a ciertas esculturas de Bourgeois

su cuerpo es un abrazo suspendido

refugio táctil que no alcanza.

 

En la noche se besan solamente

si el aire mece la curva de sus ramas

ahoga sus gemidos animales.

 

Cuando dos mujeres caminan juntas

tienen que inventar el lenguaje desde el principio.

 

Palimpsesto

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A partir de la obra ‘Palimpsesto’ de Doris Salcedo

 

 

Despertenencia

 

paisaje hacia la noche

que al punto retrocede

 

continuidad de los bailes

 

Hemos venido a camuflar las manos

a cubrir las teselas rotas

y así lentamente

con el dolor de nacer

emergen las gotas de los nombres

 

Podríamos llamar silencio al tiempo

que pasa entre que un labio

acomete a otro labio:

desprendimiento y caída

en las hojas del roble

 

Limbos a modo de cabellos

crines de pincel que acaso

masticaran el aire

embadurnasen de perfume

el solo aire

 

Bajo la bóveda bajo la herida del cielo

el hallazgo de los ojos aniquila

el miedo que asola nuestra especie

 

Pisamos una tierra fronteriza

y nos despertenecemos por dentro

en el lenguaje

tráquea abierta

 

un simple gesto será la moneda

que cambiaremos

por hallar refugio en unos brazos

 

Estos brazos como tierra que arar.

 

 

 

Lumbres II

Finitud tras finitud

crezco

 

Retiemblo árboles

persigo de tu huella

caracol

 

manos que dicen

de no obtener respuesta

 

palpo en la miel

de la abeja su ruido

 

otras vendrán con los

párpados curvos

como líquenes solos

 

deslabio de la luz

irreductible

 

oscurolento caravaggio

 

esta es la última sala no

habrá verbo no diremos

gracias no tendremos dones

como herencia

 

no haremos

finitud

sino con el cuerpo

sino con el eco tibio

de la voz.

 

Lumbres

Mojarse de los cuerpos

reverberando

Aquietarse por desconocimiento

Sufrir de no sufrir y en la

grieta sacar pecho cabeza hombros

Balbucir ausencias

en un lugar callado invocar

manos abiertas

Todo comienzo es diurno

labio escozor cuerpos amoratados

****

Me nombra así

perfume de lo roto

y avanzo

siempre avanzo

hasta desposeerme hasta

desdibujarme

****

Cavar hondo

donde el lenguaje se hace silbido

vuelo de pájaros ventana

para sentarse a observar

cuerpos mojados

ahora precipitándose

****

Escribir un poema

siempre estar escribiendo un poema

dentro del poema

hasta que este desaparezca

y no exista nada

salvo este obsesivo huirse

hacia los otros

****

Escribir un poema

como si fuera posible

avanzar a oscuras.

 

Quien dijo maternidad, dijo silencio

No puedo seguir tocando, no puedo seguir tocando por instinto.

(Francesca Woodman)

Déjame hablar puramente de amamantar.

(Clarice Lispector)

Que tu alimento sea esto, al cabo, fugazmente:

voz graznido    manos de par en par    canciones bosque

         un nimbo de cicuta entre los párpados.

                         Tiemblo al invocar el timbre siempre aullido

     el gozo y crepitar de luz emocionada

                tu beso irreductible y su legado.

Basta ya de troquelar espacios, adoquinar

             los sueños, basta de dibujar trapecios de cordura

en las rodillas macilentas.

                       Dices: no puedo seguir tocando, no puedo seguir

tocando por instinto, y hace frío en esta noche

   de todas las preguntas -y ninguna-.

                                    Dices, para colmar mi vaso, y no te creo,

  no puedo creer que haya otro molde     otra envoltura

más perfecta que tú: tacto en silencio.

                    Déjame hablarte puramente,

                 amamantar a los niños que seremos

cuando volvamos a rozar la tierra con los labios.