Lumbres VI

 

Me refiero a tocar

una madriguera interior

 

hablo de hundir el pico en la

entraña de la tierra

 

cisne

 

y tu cuello doblado por el hambre.

 

 

***

 

 

Amor zarpa dormida

incuba un hijo de la fiebre

 

 

de labio en labio tu sordo

pasaporte: la ignorancia

 

 

alguien vive en mí

que habita un temblor cíclico

 

 

no el grito:

dejemos restallar

el sable de la voz

contra las piedras.

 

 

***

 

Toda la noche

guardar una albufera

 

llevarla dentro

ausente ya el reflejo de la sangre

 

 

***

 

 

he dispuesto el amor

sobre un lienzo transparente

 

retina emancipada de vivir

 

placer o escarcha

 

***

 

puños tampoco y acicalo mi derrota

con barcos de papel contra el olvido.

 

***

 

De un relato ordenado

en láminas de sol

 

Bailar hasta que el cuerpo

se vuelva comisura

 

Cuerpo abolido

Intacto su vaivén contra la grieta.

 

***

 

Lo que no germina aquí

bajo los órganos

no existe

 

 

El deseo es esta niebla

Las fauces en mi piel

su territorio.

 

***

 

La luz fue mi cordón umbilical

 

Alimento es palabra es alimento

origen y final para este viaje.

 

 

 

 

 

 

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Días de cielo

 

Dormir una madeja de lana en el pecho

desanudar el roce de la mano

para decir calor telar prohibido

y sin abrigo está la vida rota

 

los hilos los labios cabos sueltos

-animal extinto en su guarida-

 

no saber coser significa

aferrarse con celo a los bordes

saludar al vacío con los ojos

desde el mismo lugar de la caída

 

vuelven los días de cielo

a la boca del color de la sangre

 

vuelven los dedos trenzados

y en torno a la garganta

hacen cuna

 

vuelves luz inconstante

a rasgar el mundo

sólo para remendarlo luego

 

intemperie es la carne:

basta clavar la aguja una vez más.

 

Lumbres III

Espejo de la voz rompiéndose
cántaro de tu forma lleno
y en las pestañas sal y en los ojos
el hueso
la espera
la aceituna

 

quién soy quién
eres un murmullo late
sobre nosotros
los árboles dilatan nos dilatan
permanecen las raíces los cuerpos
anclados a la tierra oxidados de su olor

 

cavamos lejos para no escuchar
el ruido
el tiempo
el desgaste
lo superfluo
las palabras

 

no deseo la escritura ahora
la dejo fluir
como quien planta un fruto
y lo observa crecer: en silencio

 
avanzo lento muy lento
no tengo prisa por llegar a la otra orilla
despacio con la fe del caracol
que vive y es casa de sí mismo

 

escucho de tus labios
la blanda arquitectura la costra
que se cierra el mapa lo anhelado

 

dibuja en este hueco
la balsa ancla para el aire
un barco que no se hunda
por su propio peso

 

sé tú ese cuerpo paciente
pasaporte y promesa
lumbre
-no digo luz digo lumbre-

brillo constante
tentativa de hogar.