De cómo destruir palacios sin alzar la voz

Hija,

corta las patatas en cuadraditos pequeños

la cebolla en gajos grandes para el guiso

una pizca de ajo y perejil

las sábanas la lluvia intermitente los últimos años de mi vida

contra la pared contra el relieve trunco de los huesos

y una voz que no es voz que de pronto se extingue

cae    rueda     se rompe    brama

 

Mamá,

no voy a enhebrar el grito a triturar el miedo a torcer

el gesto ante el hambre gris transformado en bestia

no voy a dejar que cierres las cortinas que olvides

cuánta luz hay dentro de los ojos

-nuestros ojos-

azul             azul

azules

 

ahora tu pincel ya no puede fabricar tal palabra

pero habita todavía en la marea calma de tus cuadros

en el silencio inasible de otro cuerpo poema.

 

Un collage de miradas escogidas, “construida ya toda esta intemperie*”

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Nada extraordinario de Juan Bello Sánchez

Todo es extraordinario:

hablo de la noche, del dolor, del frío resumido en las aceras de una ciudad que podría ser Santiago de Compostela, o Buenos Aires, o Madrid. También, por qué no, reconozco el calor que guarda el fondo del mar, -me lo han dicho los dedos al hurgar en un recodo del día, cuando todo se agota y es posible el pasado pero ante todo, es posible la nada-.

Repito: la nada.

Detalles imperecederos quedan grabados en la retina. A fuego vivo, vivísimo. Él camina por el filo de un instante concreto: “y el cielo sigue ocurriendo: a veces / manchas azules, / a veces manchas grises, / a veces manchas doradas”. Pienso fugazmente en la catedral de Rouen y en sus colores que no son tales; Monet allí delante, consagrado a la observancia, puntual y embrutecido por los designios de la luz. Pero no es el pintor quien interpela, quien lastima mis ojos, sino el poeta.

Que las cosas son gráciles y más si tratas de detenerlas. “Las cartas llegan siempre / desde algún punto del pasado, pienso. / Y el pasado es un barco / que no termina nunca de hundirse”. Allí en la mente, donde crecen árboles de los que caen preguntas, y una ventana puede significar todo menos estar a salvo. Un lenguaje superador de los miedos, un pedazo de piel capaz de convertirse en instrumento de percusión.

Rotundidad. Simplicidad.

Destreza.

Entonces alguien habla de sí mismo desde la ausencia. Entonces los pasillos llenos de objetos, la plaza vacía o el transeúnte que ama la lluvia de la que huye, y por esa razón corre más despacio. Más de lo que debería.

Estás solo y adentro una vida se tambalea. Comprendes la belleza de lo monstruoso y, no comprendes, sin embargo, que otros no sepan ver tanto. Sí Mark Strand o Charles Simic. Dos ideas de eternidad, o tres, o un centenar. “Te hablo de un bosque que sólo es útil para un incendio. / Te hablo de un edificio que se desploma / y nadie escucha su canción”.

Saber mirar el mundo es también poder escribirlo. Así lo hace Juan Bello Sánchez.

*Sobre “Nada extraordinario” de Juan Bello Sánchez (Pre-textos 2015, XVI Premio Internacional de Poesía Emilio Prados)

 

Hogares como labios

Munch-Kiss-by-the-window

Beso por la ventana de Edvard Munch

Te distancias del contorno de los mapas

cuando dejas resbalar tu cuerpo sobre el mío.

Bailamos por encima de una laguna verde

y los mosquitos vienen a pellizcarnos los dedos

-pero no nos hacen daño, ningún daño-.

Alguien sonríe desde tus ojos oasis,

y sé que miro una alucinación, un espejismo.

La entrega es ese pacto que jamás firmaremos

porque tú sabes volar y yo comprendo

los motivos que tienes para olvidar la tierra, negra tierra.

Pero deja que siga mirando tu belleza lejana

mientras dure el temblor del abismo que habito.

Dolor sobre lienzo

Schiele-Embrace-Lovers-II     Abrazo, Egon Schiele (1917)

Convulso aferrarse a lo que ya no.

Morir lejos    prematuramente

de espaldas al prodigio y su

emborronado trazo    desfigurado nombre

letanía.

Una sábana blanca como un barco a ninguna parte.

La plenitud del naufragio y su disfraz sonoro

morfología inútil del bramido.

Contra la inmensidad    contra la nueva

armonía oscura del ahogado

yo estoy ocultándome.

Pero vendrán los restos a coronar mis ojos

con la unión imposible de dos cuerpos a solas.